No hubo problemas. Los del mostrador dominaban el idioma y pudieron darle a Manolo su billete tranquilamente. Intentamos preguntar si había algún vuelo que saliera antes, pero qué va. Así que nada, teníamos por delante más de cinco horas de estancia coreana.
Lo primero que hicimos fue comprar una cámara digital para Manolo, ya que la suya había muerto. Suerte que por allí están bastante baratas, y se compró una bastante apañada. Y lo siguiente fue, por supuesto, buscar una zona donde pudiéramos conectarnos a Internet y avisar tanto a la organizadora de nuestro viaje como al hotel al que íbamos en Tokyo de que íbamos a llegar más tarde de lo previsto. Y suerte que tuvimos, porque ninguno de nosotros llevaba ordenadores portátiles, sin embargo los coreanos son tan apañados que habían habilitado cinco o seis ordenadores en una sala para que la gente los usara libremente, justo enfrente de donde están Ana y Cris posando en la foto (que hicimos para demostrar que estábamos en el aeropuerto de Seúl).Tras avisar también a las familias y quedarnos más tranquilos, sólo quedaba proceder a investigar la zona de tránsito en busca de tiendas, pero lo único que había típico por allí eran algunos restaurantes donde servían un poco de sushi y bastante ramen, y tiendas donde entre un montón de chorraditas vendían kimchi, un producto muy típico de Corea y se ve que bastante apreciado en la cocina.
Como buenos frikis que somos todos, nos fuimos a comer después de haber investigado bien a uno de esos restaurantes de ramen. Como el kimchi ya lo había probado en el avión, ya que a mitad de vuelo (y de la noche) pasaron con cuencos de fideos instantáneos y me pedí uno y resultó que tenía sabor a kimchi, y me gustó, pues me volví a pedir unos fideos con kimchi (la versión mejorada, porque estos tenían un montón de añadidos además de los fideos). Media hora más tarde pude comprobar que el famoso tópico de que si comes algo muy picante te sangra la nariz era cierto. Tuve que salir corriendo al baño y dejar parte de mi ADN en tierras coreanas.
Como ya nos habíamos pateado el aeropuerto y no había nada que nos interesara, nos fuimos adonde estaba la puerta de embarque del último vuelo del trayecto. Allí había una pantalla plana que estaba retransmitiendo un partido de voleibol en alta definición (aficionados que son allí a ese deporte) de la liga femenina. Bastante rato después pudimos por fin tomar el avión.
¡Por fin lo logramos! Contentos que íbamos todos pensando que la próxima vez que aterrizáramos lo haríamos en tierras niponas, y resultó que en el último trayecto nos cogieron todas las turbulencias que no nos habían cogido en los trayectos anteriores. La pobre de Ana se vino abajo, entre el cansancio del viaje, que llevábamos muchas horas despiertos sin dormir, y que le asustan los baches en pleno vuelo, se tiró casi las dos horas del trayecto llorando. Y encima con las ganas que teníamos de llegar, aquello parecía no terminar nunca.
Sin embargo, el final del trayecto llegó. Pero cuando aterrizamos... estaba lloviendo. Y os voy a explicar por qué aquel detalle casi me deprime. Llevábamos varias semanas siguiendo con atención las noticias de los cerezos en flor en Japón, ya que uno de los objetivos de viajar en primavera era ver los árboles floridos, todo un espectáculo allí. Sin embargo, la flor de cerezo es muy delicada, y en cuanto llueve un poco o hace algo de viento, se caen todas y los árboles se pelan. La organizadora nos decía que ella hasta ahora no había tenido la suerte de coincidir, y aunque la floración se esperaba para el día que llegábamos, las condiciones climatológicas a lo largo del año hacían presagiar que la floración se adelantaría. Efectivamente, dos días antes de salir recibimos noticias de algunos que ya estaban allí y que habían visto los cerezos ya florecidos. Por tanto, si por culpa del retraso sufrido y la lluvia que en ese momento estaba cayendo no podía ver los cerezos, me iba a comer a alguien.
Pasamos el control de inmigración, nos sellaron el pasaporte, y sin llegar a salir al exterior bajamos a coger el Skyliner que nos llevaría directamente a Ueno, el barrio donde estaba nuestro hotel. Allí pudimos comprobar otro de los tópicos que se cuentan de Japón. En cuanto un japonés nos vio perdidos buscando la vía por la que pasaba nuestro tren, vino a preguntarnos en inglés si podía ayudarnos. Muy amablemente nos explicó cuál era la vía y hasta nos acompañó a ella.Y por fin nos montamos en el Skyliner, camino ya del hotel, del merecido descanso. Pero con un pellizco por dentro que no conseguía quitarme: ¿quedarían flores en los cerezos a la mañana siguiente?
3 comentarios:
Vaya viajecito Xd.
Por cierto, cuando te sangra la nariz no es por la comida picante. Segun los mangas es por ver una chica sexy con poca ropa. A saber que hiciste Charlie......
En fin, esperando la siguiente entrega de "Aventuras y desventuras en el pais del sol naciente"
¿Se me olvidó mencionar que el partido de voleibol que ponían por la tele era de la liga femenina nudista? Juas, juas, y encima en alta definición, no te digo lo que se veía... (¿Se lo creerá alguien?)
Honestamente, sobre el tema de que a Charlie le sangrara la nariz aquella tarde, sólo tengo dos palabras que decir: Pink Spiders. No digo más xD.
http://www.hungkuk.co.kr/company/volleyball/player.jsp
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