Aquella noche cenamos en el hotel, ya que el hotel obsequiaba a sus clientes con una cena gratis por cada cinco noches de estancia. La cena consistía en dos platos a elegir de una breve lista, pero que incluía la mayor parte de los platos típicos japoneses. Los más valientes de la noche fuimos Cris, que pidió ostras fritas, y yo, que me atreví con un plato de anguila.Intentando entendernos con el inglés de la camarera fue cuando dimos con el término que mejor define la extraña forma que tienen los japoneses de hablarlo: el "katakanglish". Los japoneses tienen un sistema de silabarios que usan en su lenguaje. En total hay 46 sílabas, aunque algunas se pueden combinar para formar sílabas más complejas, pero son pocas. Y les cuesta mucho trabajo pronunciar sílabas de idiomas extranjeros, así que adaptan el inglés a las sílabas que ellos tienen (y para escribir estas adaptaciones de palabras extranjeras usan un silabario especial, el katakana). Por ejemplo, cuando quiso hacer ver que a Manolo se le había puesto la cara roja por el sake, dijo "reddo feisu" para decir "red face". O cosas peores, como decir "sutoreeto" en vez de "straight". De verdad, que a veces deseaba que se expresaran en japonés en vez de en katakanglish.
Cuando terminamos nos dirigimos a la estación de metro más cercana, suerte que la única línea de metro que pasaba por allí nos llevaba directos a Ginza. El metro tiene máquinas expendedoras donde puedes comprar tu billete, y el sistema que usan se puede poner en inglés. Lo bueno es que puedes pagar con cualquier billete, hasta de 10000 yenes, y el cambio te lo devuelve igualmente en billetes, como si fuera un cajero automático. Menos mal, porque al principio temíamos que al meter semejante billete acabáramos con los bolsillos llenos de calderilla.
Salimos del metro en pleno centro de Ginza, rodeados de neones por todas partes y con las guías en ristre. Había muchas cosas por ver por allí, y demasiado poco tiempo. De hecho, al principio no conseguíamos orientarnos, así que sencillamente nos pusimos a sacar fotos, y escogimos la dirección que creímos más conveniente. Lo primero que cayó en nuestra tarjeta de memoria fue una imagen del llamado "edificio del reloj". Y para que no os perdáis detalle del paseo, he preparado un mapa en Google Maps para que podáis ver la ruta que tomamos.
Pasear por allí era sencillamente espectacular. Había curiosidades por todas partes, incluso si mirabas hacia arriba veías cosas como el anuncio de Casio con forma de reloj de muñeca enorme. Con razón recomendaban ir a este barrio cuando fuera de noche. Todo era dejarse iluminar por el flujo de las luces y pasear por donde te apeteciera.
Siguiendo recto por la calle nos encontramos con un detalle encantador: este angelito Cupido aguardando a su siguiente víctima desde detrás de una esquina. Nos maravilló.
La siguiente parada fue el edificio de Sony, de arquitectura bastante peculiar, y la luz verde que emanan las paredes cambiaba de color cada pocos minutos. Los edificios de los alrededores también tenían divertidas peculiaridades, fue una gozada sentarse en un banquito en un pequeño parquecillo cercano a contemplar los detalles.
Ya que nos pillaba cerca, no quisimos perdernos la pequeña estatua erigida en honor a Godzilla, uno de los iconos más populares de la cultura japonesa reciente. No os asustéis, es más bien pequeña, no mide ni un metro de alto.A partir de aquí nuestro rumbo fue más bien errático. Durante un tiempo seguimos por una calle perpendicular a la que veníamos recorriendo, nos llamó la atención porque al fondo se veía la torre de Tokyo iluminada. Y dimos con el rumbo bueno, porque nos estábamos dirigiendo hacia el teatro Kabuki. No es que fuéramos a una representación, pero fue bastante espectacular ver a los grandes hombres de negocios saliendo de allí del brazo de mujeres de compañía. Había muchos locales de damas de compañía para empresarios por los alrededores. Y lo mejor era ver cómo paseaban un rato con ellas, y en un momento dado se separaban sin aparentar decirse nada. Él se alejaba mientras la chica se iba a coger un taxi o hacia su local.
En un momento dado nos metimos por callejones que se separaban de la amplia avenida por donde paseábamos, y empezamos a tomar contacto con los secretos de la noche. Vimos a más hombres de negocios, pero esta vez saliendo de locales de copas y señoritas de compañía. Vimos como chicas con trajes muy elegantes y vaporosos y señoras con kimonos les acompañaban hasta la puerta. Vimos cómo se inclinaban en reverencia de 90 grados y así permanecían hasta que el hombre se había perdido de vista, y éste jamás volvía la vista atrás para devolver el saludo.
Vimos puestos de comida rápida escondidos bajo las vías del tren, en rincones oscuros, iluminados por luminarias y envueltos en humo. Vimos discotecas de moda. Vimos guardas de seguridad en las esquinas, con los pinganillos en los oídos, atentos a cualquier cosa para que las chicas de compañía que volvían no corrieran ningún peligro.
Vimos callejones tan estrechos que no podíamos ir uno al lado del otro, y aún así encontrar tiendas dentro de ellos. Vimos a respetables empresarios borrachos tras la juerga después del trabajo (y eso que era lunes), reponiendo fuerzas en el carrito de udon. Vimos a japoneses orinando en cualquier árbol de la calle y alejarse tambaleando (echándonos por tierra algún que otro mito).Y así fuimos, de asombro en asombro porque aún no nos creíamos la cantidad de situaciones de las que habíamos sido testigos. Había sido ya bastante por aquella noche, así que tras encontrar la calle por donde empezamos el paseo, localizamos la parada de metro y nos dispusimos a volver de nuevo al hotel, cansados y con ganas de empezar el día siguiente. El plan para aquel nuevo día incluía la visita a uno de los barrios que más ganas teníamos de ver: Akihabara.
3 comentarios:
No lo entiendo, todo el rato probando la cultura japonesa, y ahora no probais las damas de compañia japonesas?.
Hay que ser más coherente hombre :D
Flush, mi idea del turismo gastronómico no incluye determinados tipos de "comidas"... ^__^U
Además, que yo ya iba muy bien acompañado. Échale un vistazo si quieres al blog de Kirai, que recientemente ha publicado estudios sobre Japón y el sexo, y habla entre otras cosas de lo promiscuos que son los hombres allí y de por qué siempre quedan en última posición en las encuestas de sexo.
"Flush, mi idea del turismo gastronómico no incluye determinados tipos de "comidas"... ^__^U"
Comentario digno del mismísimo Hernan XD.
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