Un plato de tempura puede parecer poco, pero lo sirvieron acompañado de arroz (eso que nunca falte), sopa, ensalada y una cosa que no habíamos visto nunca: algo que tenía la misma pinta, textura y consistencia que un flan, sólo que estaba salado y tenía gambas dentro.
Al salir nos dirigimos a kaminarimon, la puerta del trueno, donde empieza la calle que lleva a Sensoji, el antiguo templo budista dedicado al bodhisattva Kannon. Sin embargo, a pesar de que desde kaminarimon hasta el templo apenas hay 400 metros, tardaríamos bastante tiempo en llegar, tanto que decidimos avisar a la organizadora de que no nos volveríamos con ellos al hotel en el autobús: la calle está totalmente abarrotada por decenas (cientos, diría yo) de tiendas donde poder comprar todo tipo de recuerdos. Entrar siquiera a echar un vistazo en una cuarta parte de ellas nos llevaría posiblemente hasta el anochecer. Y, por supuesto, la calle estaba totalmente abarrotada, tanto por los propios japoneses que iban a rezar al templo, como por los turistas que encuentran en Asakusa uno de los barrios de visita obligada.
Como es obvio, no pudimos resistirnos. Eso sí, intentamos entrar en las menos posibles porque, a fin de cuentas, visitar el templo era lo primero. Ya dejaríamos las compras para después. Así que nos dirigimos hacia Sensoji. Lo primero que nos encontramos fue la típica zona del mikuji, donde los que lo desean pueden saber lo que les deparará el futuro. Nueva nota divertida: vimos una serie de cajones numerados, y pensamos que podías abrir cualquiera de ellos, el que tú quisieras, así que cada uno escogió las últimas cifras de su nacimiento, pero todos sacamos malas predicciones. Luego vimos un recipiente metálico cerrado con agujero pequeño, y cómo algunos locales sacaban un palito, lo volvían a meter y abrían un cajón.
Ahí estuvo claro. Nos acercamos, sacamos uno y vimos que tenía un número. Abrimos el cajón correspondiente, y no falló: mala suerte a raudales. Sólo cuando Manolo abrió su cajón (después de averiguar la forma correcta), sacó buena suerte. Definitivamente, los cajones debían de estar trucados.Cuando sacabas un papel con mala suerte, debías atarlo a una rama de árbol (o lugar similar a tal efecto) para intentar alejar de ti esa mala suerte. Y si podías purificarte, mejor. Para eso te acercabas a unos mostradores donde vendían barritas de incienso.
Lo quemabas y lo echabas en un recipiente inmenso, y los humos del incienso que quemabas debías echártelos por encima, y así quedabas purificado. A pesar de no haber sacado mala suerte, Manolo no se quiso perder una ocasión de proceder con los ritos locales, compró una barrita y se acercó a quemarla como si fuese uno más de allí.Tras la zona de mikuji estaba por fin el templo. Una cosa que hay que tener en cuenta es que en Japón en cuanto has visto un par de templos, los has visto todos. Todos se basan en una zona con una imagen de un bodhisattva acompañada de una urna donde la gente echa su ofrenda y pide por lo que más deseen, como ya he comentado en una entrada anterior.

La entrada del templo también tenía un farolillo inmenso, como el de kaminarimon. Muy cerca de la entrada había una fuente donde la gente podía beber. La fuente disponía de un montón de cazoletitas que se podían usar además para lavarse las manos. Puede parecer antihigiénico usar un cacito para beber que antes ha sido usado por miles de personas. Sin embargo, todos y cada uno de los que los usan siempre lo lavan antes de volver a dejarlo donde estaba. Recordemos que los japoneses siempre tienen presente el respeto por los demás.
Tras observar unos farolillos típicos que había volviendo a la zona de tiendas, decidimos dejarnos llevar por el afán consumista, y nos zambullimos de lleno en las compras. Ahí fue donde mi capacidad de hablar japonés más se puso a prueba. Eso sí, una de las señoras que me atendió en una tienda (donde cayeron unos zapatos geta) llegó a decirme que mi japonés era bueno, aunque creo que sólo lo hizo para que le cayera mejor y volviera a comprar por allí algún día. También cayeron varios yukata (de hombre y mujer), sandalias, amuletos, chucherías y chorradas varias.Alguna hora que otra más tarde, cuando ya habíamos terminado, nos decidimos a salir de nuevo por kaminarimon a buscar la parada de metro que nos llevaría de vuelta al hotel... pero Ana se topó por el camino con una tienda especializada en artículos de Ghibli. Sobran los comentarios. Cayó un tapiz, un pañuelo, un lapicero y un peluche del gatobús.
Ahora sí, pudimos dirigirnos tranquilamente a la estación de metro de Asakusa. El billete de metro hasta Ueno costaba la tarifa mínima: 160 yenes (el precio del metro varía según lo lejos que quieras ir). Podría parecer que este era el final del día, pero aún teníamos planes en mente para la noche...
3 comentarios:
Espero que haya fotos con todo lo que habeis comprado comprado puesto!!. Lease los zapatos Geta y los Yukata.
A todo esto, podiais poner precios y tal de las cosas, para que la gente (No se que gente, si esto solo lo leo yo) sepa cuanto cuesta lo que comprais.
Pues eso, queremos un video de Charlie corriendo los 100 metros liso s Geta.
Te aseguro que hay más gente aparte de ti que no sólo se lee el blog, sino que se lo aprende de memoria.
Y en cuanto a los geta, espera primero que aprenda a andar con ellos sin caerme... ^__^
Por un casual no te sonara unas personas como miguel del club de rol, isa, manuel jesus mayka, concha, chema, y demas?
Me resultas conocido Charlie por eso te pregunto mas que nada, si eres el ke pienso vivias cerca del campo del betis, no?.
un saludo y un magnifico viaje por el japon xD
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