Lo primero que quiero es pedir perdón por la escasa cantidad de fotos de esta entrada, y que de hecho ni siquiera se corresponden con el momento que describo en el blog, pero es que Akihabara nos tenía tan absorbidos que nos olvidamos de todo. De momento aquí tenéis el Akiba Station, donde estaba la cafetería que menciono. Como hago últimamente, aquí tenéis el mapa del paseo.Tras un breve refrigerio, y aprovechando que por fin la lluvia nos privó de su presencia, comenzamos a inspeccionar los alrededores. Lo primero que encontramos fue la zona de tiendas de electrónica, pequeñas y por callejones estrechos, en plan zoco. Allí conseguimos comprar un adaptador para nuestros cargadores, ya que allí usan clavijas planas en los enchufes en lugar de las nuestras redonditas.
Al salir de allí aparecimos en una de las calles principales de Akihabara. A nuestro alrededor teníamos el Club Sega, varias tiendas libres de impuestos para turistas, tiendas de segunda mano a porrillo, tiendas de manga y anime de ocho plantas, como Gamers, tiendas de DVDs de anime, tiendas especializadas en ordenadores, centros comerciales como el Media Markt pero de seis o siete plantas, como el Yodobashi...
Uno de los signos más distintivos de Akihabara es el edificio con el cartel luminoso de Laox, lo he visto ya en algún que otro manga cuando quieren hacer ver que la acción transcurre allí.Probamos a entrar en alguna que otra tienda, sobre todo sitios de ordenadores y videoconsolas, porque teníamos alguna esperanza de encontrar una PS3 a un precio lo suficientemente reducido como para comprarla, pero ninguna consiguió convencernos (llegamos a verla a 350 euros al cambio, pero para nosotros no era suficiente). Entrando en tiendas de DVDs comprobamos el éxito de las secciones de vídeos porno-eróticos mostrando en sus portadas chicas con pechos de tamaño desafiante, que llegaban a ocupar casi la mitad del recinto.
Mientras mis compañeros se entretenían en otra tienda, me acerqué a una cabina a comprobar por dónde andaba nuestro contacto Miyuki. No tardó más de 10 minutos en aparecer, y entonces fue cuando comenzó nuestro auténtico descubrimiento de los bajos fondos del barrio.
Como ya se acercaba la hora de comer, Miyuki nos llevó a un sitio que nos aseguró que nos iba a encantar. Así que puso la directa y nos llevó allí a velocidad absurda, y digo absurda porque ninguno de nosotros era capaz de seguir su ritmo. Se ve que el frenesí de la vida en Tokyo afecta hasta a los andares de la gente, se mueven con una agilidad poco creíble por los occidentales. De vez en cuando teníamos que decirle que frenara porque nos quedábamos atrás.
Tras callejear un poco, y en un sitio donde en principio no parecía haber nada, Miyuki nos hizo subir por una escalerilla (por la que jamás se nos habría ocurrido subir si fuéramos solos), y entramos en un mundo de color de rosa: habíamos accedido a un café meido.
De repente ya no estábamos en Akihabara. Una chica vestida de doncella nos dio la bienvenida al café soltando una retahíla de frases en japonés de extrema cortesía que por supuesto ninguno de nosotros entendió. Nos indicó una mesa en la que podíamos sentarnos, nos trajeron los menús y nuevamente nos dieron las gracias por haber escogido su restaurante y nos desearon una buena estancia, todo acompañado por múltiples reverencias, inclinaciones y genuflexiones.Miyuki nos explicó que estos cafés tenían tanto éxito que normalmente las chicas que trabajan en ellos suelen vender hasta CDs con sus voces grabadas (que suelen ser esas típicas voces agudas de niña pequeña que tanto gustan a los japoneses), pasando por muñequitas a escala, posavasos con dibujos manga de las camareras, etc.
Otra de las camareras (creo que al final todas pasaron por nuestra mesa en algún momento del almuerzo) vino a tomarnos nota del pedido. Todos le dijimos nuestra elección y cuando terminamos nos repitió todo lo que habíamos ordenado con su voz de pito y con mucha cortesía, nueva reverencia, nuevo agradecimiento y se marchó alegremente.
Lo más gracioso fue un momento dado en que una de las chicas se puso completamente colorada, porque éramos cuatro extranjeros mirándola fija y atentamente, y Miyuki nos explicó que no estaba acostumbrada a eso: se ve que los japoneses normalmente no son capaces de mirarlas a la cara, recordemos la excesiva timidez de los jóvenes, que son los que suelen frecuentar esos sitios.
La única lástima fue que no pudiéramos sacar fotos del interior del local, el cartel de prohibido hacer fotos era demasiado evidente. Sin embargo, aquí tenéis la web del meido-café Mai-Lish para que le echéis un vistazo. Está en japonés, pero trasteando por el menú de la izquierda podréis acceder a distintas secciones, incluso ver una lista de las chicas que allí trabajan.
La comida no estaba nada mal, yo me pedí un arroz con curry y hamburguesa que estaba bastante bueno, acompañado de una Coca-Cola con una bola de helado, impresionante. De hecho una de las cosas que nos preguntaron era si queríamos la bebida junto con la comida, o como postre (siempre te ponen un vaso de agua cuando te sientas a la mesa para acompañar la comida). Tras un poco de charla y bastante aguantarnos la risa cada vez que veíamos cómo hacían sus reverencias cada vez que nos traían algo (eran encantadoras, pero a veces no podíamos resistirnos), terminó nuestro banquete y pusimos por fin rumbo al corazón de Akihabara, y conociendo a Miyuki, sabíamos que entraríamos en sitios que no se nos olvidarían.
2 comentarios:
Vamos, hay que actualizar el blog!!.
Que desde el miercoles no hay nada!!!.
Por cierto, estoy pensando que nosotros, con lo garrulos que somos, no podriamos ir a un cafe de esos, porque todas las chicas se transformarian en "SuperTomate" con las burradas que decimos.
No te preocupes, no te iban a entender de todas maneras...
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