lunes, 30 de abril de 2007

Día 5: Sweet home Akihabara

En un abrir y cerrar de ojos, volvimos de nuestro mundo rosado a la realidad de color de asfalto y callejones estrechos, como el de la imagen de la derecha, situado en la zona de tiendas de electricidad. Miyuki empezó a hacernos un tour por todas las tiendas que pudo, a cada cual más friki, y empezó ni más ni menos que por el conocido Don Quijote.

La tienda de Don Quijote (o "Donki", como la llaman ellos) en Akihabara es un edificio alto, de unas ocho plantas creo que contamos, y en cada una de ellas hay una sección diferente. En las primeras plantas puedes encontrar DVDs, accesorios, complementos, ropa interior, disfraces, videoconsolas, juegos... Luego conforme vas subiendo te encuentras una planta entera llena de máquinas recreativas y de purikura, otras con cafeterías (tienen su propio café meido con las camareras disfrazadas de gatitas, y con bastante éxito porque tenían cola para entrar), y hasta zonas de descanso arriba del todo.

Miyuki nos llevó por todas y cada una de las plantas para que no nos perdiéramos detalle. No pude resistirme a sacar una foto de la sección de disfraces cuando nadie miraba. Los pasillos eran todos tan estrechos como se ve en la foto, y los disfraces los había para satisfacer todo tipo de sueños eróticos. Por supuesto, podías encontrar complementos para cada disfraz y así hacer más realidad la fantasía.

Sin embargo, donde al final acabamos pasando más tiempo fue en las recreativas. En cuanto vi la primera máquina del Guitar Freaks, me dije "esta es la mía", no puedo irme de Japón si haber hecho el friki en condiciones. Una lástima que la foto saliera movida, pero ahí me tenéis, defendiendo el honor hispano ante tan memorable juego. Sin embargo, parece que los japoneses le daban más al Drummania, que estaba justo al lado, y era un auténtico pasote verles tocar la batería, a un ritmo al que nosotros ni siquiera veíamos pasar las notas.

Mientras yo me marcaba unos cuantos solos de canciones que no había oído en mi vida, Miyuki secuestró a Manolo y se lo llevó a un purikura donde se hicieron unas cuantas fotos. Ya nos había explicado previamente que está prohibido que un chico entre solo en una cabina de esas, ya que ha habido problemas de gente que se metía dentro a esperar a las chicas que entraban (mucho más aficionadas que los chicos a hacerse estas fotos) y... bueno, os podéis imaginar.

Al salir del Donki la verdad es que no recuerdo exactamente ni qué hicimos ni adónde fuimos. Tan sólo os puedo decir que entramos en multitud de tiendas, a cada cual más estrecha, donde vendían cualquier aparato que te pudieras imaginar. Os dejo un vídeo de uno de los paseos, en el que se ven varias tiendas por fuera:


En un momento dado, Miyuki nos dijo que íbamos a entrar en una tienda que a Manolo y a mí nos iba a gustar mucho. Bueno, gustarnos no sé si nos gustó, pero desde luego nos impresionó. Básicamente nos metió en una tienda porno, donde se podían comprar cientos de DVDs, alguno de los cuales estaba siendo reproducido en los monitores de la tienda y con el sonido a toda pastilla para que no nos perdiéramos ninguno de los gemidos de la chica en Dolby Surround. Curioseamos algunos DVDs, pero como las chicas se habían quedado fuera, para no hacerlas esperar rehusamos investigar las plantas superiores. Una de las cosas que más gracia me hicieron fue la conocida censura japonesa en los vídeos, que tapa cualquier miembro masculino que aparezca. Sin embargo, los cuadraditos que emborronaban la imagen pixelándola eran bastante pequeños, y observada la imagen a una cierta distancia apenas te dabas cuenta de la censura.

Otro de los sitios al que nos llevó Miyuki fue al Yodobashi (lo siento, no aparece en esta foto), ya que yo quería investigar entre otras cosas el precio de las cámaras réflex digitales allí en Japón. Sacamos dos conclusiones: que el precio tampoco era lo suficientemente barato como para comprarse allí la cámara y que luego se te estropee y tengas que volver a descambiarla (cachis, que se me ha estropeado la cámara, no tengo más remedio que volver a Japón a por una nueva), y que tiendas como el Media Markt o la Fnac son una pequeñez en comparación con el Yodobashi. Imaginaos una docena de plantas todas dedicadas a aparatos eléctricos y electrónicos, y por una vez y sin que sirva de precedente, con pasillos amplios y bastante superficie por planta.

Finalmente, a eso de las seis y algo de la tarde Miyuki nos dijo que tenía que irse, ya que había quedado, y nos dejó a nuestro aire. El plan era, como ya he comentado, volver a Shinjuku a verlo de noche y cenar por allí. En una esquina frente a la estación había una tienda que tenía empleado a uno de estos que se dedican a vociferar y a animar a que la gente entre en el local, sólo que este se lo curraba bastante, ya que iba acompañado de una caja de ritmos y lo soltaba todo a ritmo de rap. Con su cantinela de fondo nos metimos en la estación y subimos a coger el tren que pasaría sobre Akihabara (durante el paseo pasamos por debajo de las vías alguna que otra vez) y nos llevaría de vuelta a la versión nocturna de Shinjuku.

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