miércoles, 2 de mayo de 2007

Día 5: And the people bowed and prayed to the neon god they made...

Shinjuku de noche resultó ser un barrio completamente distinto del que habíamos visto aquella mañana. Miles de personas caminaban y buscaban bajo los cientos de neones y pantallas gigantes algún sitio donde poder cenar o divertirse. Una vez más decidimos guardar las cámaras, ya que bastantes fotos de barrios iluminados teníamos de otras salidas nocturnas, y decidimos callejear un poco allá por donde nos llevaran nuestros pasos.

Así pues, de nuevo no puedo especificar mapas de paseos ni poner muchas fotos en el blog. Pero sí puedo comentar las cosas graciosas que nos fueron ocurriendo. Lo primero que hicimos fue buscar un sitio para cenar. Cristina y Ana sostenían que habían visto un sitio donde tenían buffet libre de comida italiana, ya que querían variar un poco de tanta comida japonesa. Pero al final resultó que el sitio sólo debía tener ese menú para la hora de comer, ya no que volvimos a encontrarlo a pesar de recorrernos todo el camino que hicimos por la mañana. Manolo y yo sosteníamos que ya iba siendo hora de entrar en un kaitenzushi, ya que nos temíamos que al final nos íbamos a ir sin probar uno. No pudo ser, porque no hubo forma de convencer a las chicas, que buscaban el italiano afanosamente.

El sitio donde finalmente entramos nos satisfizo a todos, pero curiosamente nadie consiguió lo que buscaba, porque no era un kaitenzushi, pero era comida japonesa: entramos en un restaurante de ramen. Una de las cosas que sí teníamos claro era que no importaba lo japonés que fuera el sitio, y las dificultades que pudiéramos tener con el menú: entraríamos y probaríamos de todas formas. Lo primero fue conseguir entender a la camarera, que trataba de explicarnos que antes de sentarnos teníamos que sacar los tickets con la comida escogida en una máquina dispensadora. Cuando por fin nos dimos cuenta, sacamos el dinero, escogimos el plato del menú más o menos en inglés que nos facilitaron, y sacamos los tickets en la máquina. Con los tickets en nuestro poder, pudimos por fin sentarnos en una mesa donde ya nos habían preparado nuestros vasos de agua. La comida en general estuvo bastante bien, y nos lo pasamos pipa intentando sacar fotos del cocinero sin que se diera cuenta, aunque mucho más nos llamaba la atención un póster del F.C. Barcelona que tenían en una de las paredes.

Aquí estamos Ana y yo en el restaurante intentando manejar los palillos con toda la maestría posible. La foto es más que nada para ver si se aprecia lo estrecho que era el sitio. Nosotros estábamos en una pared, y detrás de nosotros se ve la pared opuesta. No había más.

Al salir del restaurante volvimos hacia la zona donde habíamos visto más gente, para empezar nuestra investigación por allí. Por el camino tuvimos el momento friki de la noche, cuando Ana confundió un cartel que anunciaba el McFlurry del McDonalds con un McCurry. Hacia el final del viaje descubrimos que no andaba muy desencaminada. Lo curioso es que los grupos que se formaban en la calle principal (la que habíamos recorrido por la mañana mayormente) parecían estar compuestos por gays, lo cual nos hizo preguntarnos si Shinjuku sería el equivalente japonés de Chueca, o si simplemente daba la casualidad de que estaban allí protestando o reivindicando algo.

Empezamos a callejear por los callejones que daban a nuestra izquierda, aunque antes localizamos una cabina para que Ana pudiera llamar a casa (por supuesto, a cobro revertido) y dar parte diario de que estábamos bien. Hacía bastante frío y hasta caían tímidas gotas de lluvia, así que localicé la máquina de refrescos más cercana (cosa fácil) y repasé la lista de bebidas calientes. Había un refresco que era algo de cacao, y decidí que podría servir. Cuál fue mi sorpresa cuando probé aquello: me supo totalmente a Cola Cao.

No puedo describir lo que sentí: era como estar en casa de vuelta en espíritu, aunque mi cuerpo siguiera en Japón. En la foto podéis ver por mi cara lo que intento contaros. Los viajes astrales son una tontería en comparación con aquello.

La zona se componía principalmente de salas de pachinko (todas con un cartel de Evangelion, que no sé qué tendrá que ver con el pachinko, pero sí es cierto que las máquinas de este juego se pueden ambientar en cualquier cosa, más o menos como las máquinas de pinball de aquí), salas recreativas, alguna que otra discoteca, en las que intentaban colar a la mayor cantidad de chicas posible para atraer al público masculino, salas de cine, hoteles por horas (aunque procurábamos no acercarnos a ellos), bastantes tiendas de moda, etc.

A mitad del paseo no pudimos evitar entrar en una heladería Häagen-Dazs, algo que en principio puede parecer poco japonés, aunque si os digo que yo probé los helados de té verde y de azuki, tal vez cambiéis de opinión.

Y básicamente, que yo recuerde, eso fue todo lo reseñable del paseo nocturno por Shinjuku. En cuanto encontramos el camino de vuelta volvimos a meternos por los pasillos subterráneos de la estación (con carteles publicitarios protagonizados por Antonio Banderas, toma ya) y nos fuimos en dirección al hotel. Pero no queríamos despedirnos de Tokio tan rápido antes de poner rumbo a Kioto, así que ya en nuestro barrio nos fuimos a un supermercado que estaba abierto (los hay a montones, sitios abiertos incluso las 24 horas) y nos dispusimos a aprovisionarnos para nuestra primera (y hasta ahora última) botellona japonesa.

Compramos unos cuantos aperitivos locales (de sabor cuestionable), una botella de sake para tomar frío, y una botella de licor de ciruelas. Nos fuimos a nuestra habitación, y allí pasamos parte de la noche, revisando entre copa y copa los recuerdos que habíamos comprado, las fotos que habíamos sacado, y planeando lo que íbamos a hacer en Kioto a partir del día siguiente...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Manolo y hola viajeros!! tengo q decir para ser sincera q no he leído todo aún... aunque sí q he visto las fotos y aunque supongo q habrá habido de todo... tenéis unas caritas de felicidad.... !! Bueno, aunque solo conozco a Manolo espero q lo hayáis pasado todos muy bien. Seguro q él sí pq desde q estuvo en Hornachuelos (de allí lo conozco), siempre le ha rondado esa idea del viaje a Japón por la cabeza.... Allí lo planteó pero se vé q no fuimos tan valientes como vosotros!!! Un abrazo desde Córdoba